Crónica Maratón Donostia San Sebastián

Un sorteo, un dorsal gratis y dos pagados, tres amigos marcando en el calendario un maratón en una ciudad con historia y un ambiente de atletismo antiguo.

La preparación no ha sido la ideal, al menos para dos de los tres implicados, pero la ilusión ha estado intacta en los meses previos al día de la carrera. Un grupo de mensajería, muchos entrenos en la distancia, pero todos compartidos. Tiradas largas madrugadoras y tres planes de carrera que acabaron siendo uno al unísono. 

Creo que pocas cosas unen más que un objetivo en el tiempo culminado por un fin de semana entre amigos. Escalas entre vuelos que son menos esperas entre historias, anécdotas y puntillitas picaronas. Piso ajeno como base de operaciones, una llegada atropellada que se cierra con una cena de la pasta, by La Habitación Saludable, aderezada con muchas risas.  

Creo que pocas cosas unen más que un objetivo en el tiempo culminado por un fin de semana entre amigos.
Los nervios están presentes y eso sólo quiere decir una cosa, la ilusión hace su trabajo y la hora de la salida se aproxima. Que sería de una carrera sin un buen madrugón, los últimos preparativos y una zona de salida y meta muy cercanas, preparada con mucho cariño, en esta ocasión sin grandes dimensiones ni ostentaciones, Donostia es una “carrera de pueblo” envuelta en un gran nombre y una historia aún mayor. La estampa de su ría muriendo en pleno Cantábrico arropada por unos puentes engalanados en luces, farolas y pequeños faros, dan color a una estampa enmarcada entre Palacios de Ferias y arcos publicitarios.


Una salida fría, sin arco de inicio, música y tradición del Norte y tres chicarrones del Sur poniendo color con sus mejores galas, by NO CLUB Project. Pistoletazo de salida, caminar apresurados hasta la primera alfombra y el Strava entra en juego. 

Velocidad de crucero, 5’20” en nuestras piernas y los kilómetros pasan volando, el recorrido consta de dos vueltas y media casi idénticas jugando con la Y invertida que dibuja el valle. Nada más salir coincidimos en destacar el alto nivel competitivo de la gran parte del pelotón, grupetas cerca de los globos de tiempo a ritmos medios mucho más altos que en otras citas, si a esto unes que “apenas” son 11.000 corredores para cita de tal nombre, nuestro nivel venia a encuadrar el pelotón de cola. 


Hasta la media maratón todo son risas, pero en este punto empieza la carrera, nos doblan los primeros, un detalle a cuidar ante una organización prácticamente perfecta. Una situación sin sentido y casi sin espacio, nos piden cruzar nuestro carril, abrir camino a un coche sin apenas espacio perseguido por 2 personas y 14 motos, nos hacen sentir como si nuestra participación ya no fuera rentable para nadie. 
Hasta la media maratón todo son risas, nos doblan los primeros, un detalle a cuidar ante una organización prácticamente perfecta.
Hicimos cuadrilla hasta prácticamente el kilómetro 30 donde mi aguante y fuerza de voluntad no fueron suficientes para seguir concentrado en correr sin que el dolor en mis partes más nobles que me ha acompañado durante los últimos dos meses no ganara la batalla y me obligara a bajar el ritmo en un momento inicial y entrar en modo IRONMAN pocos kilómetros después, usar cada avituallamiento como zona de paseo y recomposición corporal fue mi única opción. 

Al final todo acabó como habíamos escrito:
  1. Carlos rompiendo la cinta en línea de meta como así lo sustentaba su entreno constante y disciplinado de los últimos meses, cruzo la meta primero el que mejor la preparó.
  2. A escasos segundos su hermano Pablo, lastrado en tiempos de preparación por una lesión caprichosa, pero sabiendo gestionar a la perfección los tiempos entre descanso y preparación.
  3. Y para terminar un servidor, cabreado por que no fueran las piernas y el entreno demasiado atareado con el que me presentaba en la línea de salida los que me fallaran, sino que lo hiciera un dolor caprichoso que en los últimos 10 años ha aparecido 3 veces y el cual no quiso perderse tal cita.

Eso sí, orgulloso de la batalla mental de cada uno de nosotros en esta distancia épica como es la maratón y más feliz aun si cabe por las casi 3h como corredores unidos y 72h como hermanos. 

Donosti ha sido conquistada y lo que unió un mero sorteo dará para muchas más crónicas, y esto no es una amenaza, es una ilusión más en forma de amistad. Mi más sincera enhorabuena chicos y GRACIAS de CORAZÓN por pensar en mi y hacerme participe de esta aventura. Os quiero!!

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