Un segundo embarazo que dejó cicatrices nuevas, fuera y dentro. Otra cesárea que me obligó a empezar desde cero, otra vez. Es duro mirarme al espejo y no reconocer del todo este cuerpo que antes parecía invencible, este cuerpo que me llevaba lejos, que respondía siempre. Ahora cada movimiento exige una negociación, un “¿podemos?” entre mi cabeza y mis músculos.
Siento que no progreso en nada, que el deporte; mi refugio, mi identidad, mi lugar seguro, se aleja.Intento avanzar, pero todo va lento.
Muy lento.
“Querer y no poder” se me ha clavado en el pecho. Siento que no progreso en nada, que el deporte; mi refugio, mi identidad, mi lugar seguro, se aleja. Echo tanto de menos correr… Echo de menos sentirme yo.
Y entonces llegó ese fin de semana. Ese reto que pensé que me daría un empujón, un poco de aire. Pero terminó dejándome un sabor amargo y este diagnóstico que todavía me cuesta digerir: una fractura por estrés en la cadera. Otra caída. Otra pausa obligada. Otro “empieza de cero”.
La espera, a veces, también.
Pero en medio de todo esto, hay algo que me sostiene.
Él, mi marido.
Mi mayor apoyo, incluso cuando no se lo digo. Tiene esa manera tranquila de estar, de sostenerme cuando me derrumbo sin hacer ruido, de recordarme mi fuerza cuando yo sólo veo mis grietas. Me mira como si supiera que voy a poder con esto, aunque yo no lo tenga tan claro. Y eso… eso me salva muchos días.
Ellos, mis hijos.
Sin entender lo que pasa, me dan luz. Verlos correr hacia mí, treparme encima aunque me duela, abrazarme con esa intensidad que sólo tienen los niños… me alimenta por dentro. En los días malos, en los que siento que no avanzo nada, ellos son el recordatorio más puro de que sigo aquí, de que sigo siendo yo, de que no todo es oscuridad aunque duela.
Días en los que me pregunto si volveré a ser la que era en el deporte, si volveré a correr, al triatlón, a sentirme fuerte, libre.
Pero también hay días en los que respiro hondo, los miro a ellos, lo miro a él… y algo dentro de mí se enciende un poquito.
Sé que volveré.
Que este camino, aunque difícil, es parte de mi historia.
Que el deporte sigue dentro de mí, aunque mi cuerpo esté detenido ahora mismo.
Que correré otra vez.
Que volveré al triatlón.
Que volveré a sentirme completa.
No será fácil, ni rápido. Tendrá días largos, de esos que pesan. Pero también tendrá días en los que, casi sin darme cuenta, estaré más cerca.
Porque no estoy retrocediendo: estoy reconstruyéndome.
Y aunque a veces me sienta rota, sigo siendo fuego.
Y esta vez, ese fuego también lo enciende la gente que me quiere.


Precioso texto Salo. Fuerza y Ánimo, de ambas estás sobrada. Cuando estés lista, tus metas seguirán ahí, esperándote.
ResponderEliminarQué grande eres, Salo! Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarEste texto es todo corazón, de los que tocan la fibra. Y el corazón lleva a muchos sitios a los otros ni se asoman. Yo estoy convencido de que volverás, pero es que además el proceso te reforzará. Un besote, Salo.
ResponderEliminarGracias por vuestras palabras 🫶
ResponderEliminarA veces también se necesita parar y respirar, pero saber que cuento con apoyo así me da muchísima fuerza.