¿Un año sufriendo o cien disfrutando?

 En este final de temporada he disfrutado de dos escapadas deportivas muy distintas pero ambas muy enriquecedoras. Y es que compartir estos dos viajes con 3 amigos me ha resuelto finalmente una duda que sobrevuela mi mente desde hace años, mejor dicho, desde hace más de una década.

Si alguien te preguntase, para responder lo primero que te venga a tu cabeza, sin pensar en pros y contras, ¿qué contestarías ante esta disyuntiva?

¿Qué preferirias? ¿Entrenar uno, dos, cinco años bajo la mayor de las exigencias y conquistar tus mejores marcas para después perder la ilusión por el deporte? O ¿Hacer del deporte tu estilo de vida y disfrutar de innumerables objetivos al año sin esperar tu mejor rendimiento en cada línea de llegada?

La pregunta parece simple, pero hazme caso, la respuesta es más compleja de lo que parece.

Yo lo tengo muy claro, siempre he sido alguien al que le ha gustado disfrutar y vivir de los retos, de plagar mi calendario de objetivos y desafíos, algunos con preparación más específica, otros con la forma física del momento por lo ajetreado del panorama deportivo por esas fechas, pero a la vez huyendo siempre de la planificación al dedillo, del dejarme la vida en cada entreno y de apretar aunque no haya ni apetezca. Lo reconozco, siempre he entrenado por mejorar, pero sin perder la vida, escuchando al cuerpo, priorizando sociabilizar a morir en el silencio y, por supuesto, escuchando a los que saben y siguiendo unas guías marcadas en el camino al objetivo, pero sin perder la vida en ello, más bien alimentando mi amor al deporte y sus 1000 disciplinas.

¿Entrenar cinco años bajo la mayor de las exigencias y conquistar tus mejores marcas pero perder la ilusión?

Pero luego está el caso contrario, esa persona que su vida es una competición constante, ese deportista que si no es para dar lo mejor de si en cada entreno, en cada salida, en cada dorsal, prefiere no hacerlo. Y para poder rendir a esos niveles y alcanzar registros que te acerquen a los mejores sólo hay un camino, constancia, disciplina y sufrimiento, darlo todo en cada serie, perder el aliento, sacrificar un entreno conjunto por no hacer lo mismo con los ritmos planeados... Y eso en muchas ocasiones lleva al resultado, pero en la mayoría de ellas también al cansancio, al estrés, al agotamiento y lo que es peor, al desapego de esa forma de vida que tanto sufrimiento requiere pero, como mucho, un par de alegrías al año.

Y ¿por qué creo que mi elección es la correcta para mi tipo de personalidad? Os lo contaré en dos vivencias:

1.- Maratón de San Sebastián, tres amigo, un plan conjunto y tres estrategias de carrera. Podríamos haber elegido salir cada uno a hacer nuestra carrera, marcar objetivos ambiciosos, individualidad y gloria personal, pero los tres bebemos de la primera interpretación de este amor por el deporte. Decidimos acordar un tiempo exigente pero a la vez asequible y realista para los tres, decidimos ayudar, animar, empujar, tirar, esperar, decidimos hacer 30km juntos, risas, chistes, puntillitas, alegría. Después la carrera nos puso en su sitio, entramos a meta fisicamente separados, pero el camino y la victoria fue de tres hermanos cogidos de la mano. Odio entrenar maratón, odio correr gran parte de su kilometraje final, no se me da bien esta distancia, para mi la mas dura del atletismo de largo, pero planteamientos como el de Donosti, compañeros y filosofías tan cercanas a mi forma de vida mediante el deporte, lo hacen cambiar todo. Ninguno mejoró su marca, o sí, ninguno consiguió su mejor rendimiento, o sí, pero nadie sacrificó un entro en grupo, una comida familiar o 30km acompañados, por ganar la maratón.

¿Hacer del deporte tu estilo de vida y disfrutar de innumerables objetivos al año sin esperar tu mejor rendimiento?

2.- HYROX Madrid DOUBLES PRO, dos amigos, un coche y un plan suicida, Granada-Madrid-Granada con el tiempo justo para competir, disfrutar y volver. Charlas infinitas, un tío que corre mucho, otro que "tira de los trineos como papá", uno "Campeón del Mundo" en todo lo que hace, otro un "Caballo Percherón" a la aventura de acumular historias que contar, y juntos, una conversación final: "Los años que pasé entrenando a las 5 de la mañana hiciese el tiempo que hiciese, los planes de entreno innegociables al dedillo, comidas familiares llegando tarde, dulces en el plato, sabor a sangre sí o sí, esa carrera que no entró en el calendario del gran objetivo... Todo eso, me quemó, me dio mis mejores marcas, pero me hizo hipotecar muchos momentos de felicidad. Ahora entiendo tu filosofía y la comparto, no porque me rinda, sino por que quiero decidir que deporte hago, como y cuando. Y sobre todo porque quiero salir a disfrutar, a compartir, a divertirme, a celebrar; a ganar sin subir al podio."

Y por eso ante un 2026 que venia marcado por un intento de calendario PRO en el que los objetivos se entrenaran y tuviesen su preparación impoluta para intentar llegar a unos números, tras escasos 7 días de Enero, se está volviendo a dibujar como un parque de bolas semanal, no como un examen final a una sola convocatoria.

Y a ti ¿que enfoque te pide el cuerpo? ¿Sigues disfrutando o ya acabaste quemado de ser "Campeón del Mundo de tu casa"? Te leo en comentarios...

1 comentario:

  1. He visto lo que nadie ve.
    Los madrugones, el cansancio acumulado, las dudas silenciosas y también la sonrisa cuando vuelves a casa con una historia que contar y no solo un tiempo en el reloj.
    No todo el mundo sabe elegir la felicidad cuando tiene disciplina para elegir el sufrimiento.
    Tú lo has hecho.
    
Has entendido que el deporte no es demostrar nada, sino compartirlo todo; el camino, las risas, el cansancio y las historias que se cuentan de vuelta en el coche.

    Elegiste disfrutar sin dejar de exigirte, competir sin dejar de sentir, entrenar sin dejar de vivir.

    Y como mujer que camina a tu lado, te lo digo bajito pero muy claro:
 prefiero mil veces verte feliz, lleno y compartiendo…
que verte invencible y vacío.
    Eso, para mí, es ganar de verdad.
    Eso no es conformarse.

    Eso es madurar, elegir y vivir.

    Y créeme: 
cien años disfrutando dejan más huella que uno sufriendo.

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